
La revista Time encaró una investigación sobre la problemática que hoy preocupa a veterinarios y dueños.
Gracias a los avances en diversas áreas se aprende cada vez más sobre las vulnerabilidades de la mente animal. Si bien no es una tarea fácil porque los animales saben lo que sienten pero no pueden comunicarlo, hay técnicas que ayudan a decodificar ese mensaje.
Los animales en la naturaleza viven las vidas que se supone que tienen que vivir. Pero, los que son forzados a interactuar con humanos viven vidas muy diferentes, por ejemplo en zoológicos, parques acuáticos o de diversión. Aquellos que están encerrados en granjas, establos o laboratorios o incluso los más mimados de la casa, pasan mucho tiempo adentro cuando en realidad, cada parte de su ADN les indica que tienen que estar afuera.
Por su parte, los veterinarios se están dando cuenta de que los cerebros de los animales funcionan en muchas aspectos de la misma manera que los cerebros humanos, lo que significa que pueden dañarse también de la misma forma.
Según señala Bonnie Beaver, directora ejecutiva del American College of Veterinary Behaviorists, quince años atrás, cualquiera que deseara llevar una mascota a un psicólogo de animales tenía muy fácil acceso. "Hoy tienen una lista de espera de dos meses y medio en adelante".
"Un perro es en gran medida el mismo grupo de productos químicos que somos nosotros", dice Marc Bekoff, profesor emérito de ecología y biología evolutiva en la Universidad de Colorado en Boulder. "Todos los mamíferos comparten las mismas estructuras del sistema límbico para las emociones", explica.
No todos los animales son buenos candidatos para los medicamentos. De acuerdo con Bonnie Beaver, sólo una minoría de los animales son beneficiados por el consumo de fármacos, "pero es mejor que ninguno".
De todas formas, hay límites en la comparación entre los pacientes humanos y los animales. Beaver menciona un estudio de 2006 en el que los científicos querían investigar el llamado "aseo psicógeno", manifestado por ejemplo en gatos que se lamían constantemente. Estos científicos reunieron un grupo de 21 gatos sintomáticos, pero antes de proceder con el estudio, los animales tuvieron que someterse a pruebas dermatológicas para descartar problemas sencillos como una simple erupción cutánea. Finalmente, 19 de 21 gatos tenían un problema dermatológico.
Terapia
Para los animales domésticos una estrategia efectiva puede incorporar más estimulación con juguetes o simplemente más tiempo en la naturaleza.
Otros formas de terapia pueden llevar más tiempo; por ejemplo, los perros que vuelven de zonas de guerra muestran signos de estrés postraumático, nerviosismo, ansiedad, falta de sueño, pérdida de apetito, etc. Y es natural, una explosión es una explosión sin importar si se trata de un humano o un canino. Así también influyen el olor de la sangre y un ambiente de miedo y violencia. Hay que lograr que los animales vuelvan a sentirse seguros.
El diagnóstico de las enfermedades psicológicas en los animales es una ciencia imprecisa, pero estas son algunas pistas para detectarlas:
-Vaga sin rumbo
-Mira fijamente al espacio o las paredes
-Parece perdido o confundido en la casa o el patio
-Tiene dificultad para encontrar puertas; se sitúa en el lado de la bisagra de la puerta; se confunde de puerta para salir
-No reconoce a personas del entorno familiar
-No responde a las señales o nombres verbales
-Solicita atención con menos frecuencia
-Es menos entusiasta con los saludos
-Duerme más
-Tiene accidentes en el interior aun estando domesticado
-Se atasca o se confunde en las esquinas de la casa o debajo y detrás de los muebles
-Parece olvidar por qué sale al aire libre
Fuente: http://www.mdzol.com/nota/597833-las-mascotas-al-divan-psicologia-para-perros/
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